BALAS ECOLOGICAS: El ejército pretende suavizar su impacto ambiental

Marzo de 1999

Hemos visto desde hace algunos años cómo la industria y el sector servicios han intentado atraer hacia sí "lo ecológico" como nuevo gancho para incrementar las ventas de productos diversos. Si en la década de los 80 primaba lo "ligero" (o "light", como dicen los cursis, sobre todo si no saben hablar inglés), ahora a todo producto que se precie de avanzado y moderno se le estampa el sello de "ecológico" sin mayores miramientos, produciendo equívocos y en ocasiones engaños a los consumidores, quienes ven -vemos- cómo se banaliza sobre cuestiones tan importantes como la calidad del entorno en que vivimos. Hay salchichas ecológicas, detergentes ecológicos y hasta zapatos y almohadas cervicales ecológicas. Existen (así se anuncia a bombo y platillo) métodos pesqueros ecológicos y lavadoras ecológicas, que, por supuesto, son "inteligentes" (¿tanto como el que las fabricó?) y además, "interactivas". Pero lo que nunca habíamos sospechado es que nuestro ejército quisiera apuntarse a la moda conservacionista.

Hay gente que llama "verdes" a los ecologistas, cuando, eso hay que reconocerlo, los uniformes verdes siempre han identificado a nuestras fuerzas armadas y a la benemérita (popularmente conocida como "picola"). Será por eso que los auténticos verdes de metralleta al cinto, los responsables de la integridad territorial de la patria (?), quienes nos defienden de posibles invasiones (?), quieren adoptar un sistema de gestión ambiental. Eso dijo en La Coruña el capitán de navío Ramón López Alemany, el 20 de abril de 1998, según ha recogido la agencia Efe. En aquellos días, cuarenta jefes militares de veinte países se reunieron en aquella ciudad para estudiar las posibilidades de compaginar la conservación del medio ambiente y las maniobras militares. Nos chocaría menos una convención internacional de matarifes que estudiaran la forma de evitar el sacrificio de cerdos, para que todos los gorrinos del mundo murieran de viejos, rodeados de sus nietos.

Entre las propuestas de los cuarenta cabecillas armados estaba el establecer sendas para los tanques. Es decir, que cuando las tropas salgan a machacar y destrozar el monte y a pegar tiros para salvarnos del enemigo (que, por el momento, no se sabe ni quién es), los carros de combate circulen por unas pistas y no se salgan de madre, a pesar de que su diseño y razón de ser es atravesar terrenos accidentados para torpedear a los enemigos de la patria. Suponemos que, además, se pedirá a los soldados que en vez de disparar, apunten y hagan el ruido onomatopéyico correspondiente con la boca, recordando los días del colegio. Así se evitará verter el plomo de las balas en el monte, que es perjudicial para la tierra, con el beneficio psicológico añadido de hacer volver a los quintos a la niñez, pues de este modo recuerdan sus años de escuela y olvidan que están madrugando como condenados, pasándolas canutas en el cuartel y perdiendo estúpidamente un año de sus vidas por cumplir el inútil servicio militar.

Por favor, a otro can con ese hueso. ¿Quién se va a creer a estas alturas que al ejército le interesa respetar el medio ambiente? En septiembre de 1997 los militares provocaron un incendio en el campo militar de Fasnia, en Tenerife, por utilizar material de tiro, y ni siquiera pudieron ocuparse de su extinción. Tuvieron que apagar las llamas los helicópteros de Protección Civil y del Icona. En resumen: no sólo pagamos con nuestros impuestos las armas del ejército, sino que, por otro lado, también pagamos de nuestro bolsillo los desaguisados y daños ambientales que hacen con ellas.

Este es el ejército "ecológico" que tenemos, cuyas intenciones son más negras que verdes, y cuyas maniobras son una constante amenaza para nuestra naturaleza.

Firmado:Doctor Benway

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