Premio a la gestión del Parque Rural de Anaga

Enero 2000

Hace unos meses, la prensa publicaba que el Parque Rural de Anaga había recibido un reconocimiento europeo por su ejemplar gestión. La Unión Europea, que concede banderas azules a playas donde hay emisarios rotos, como Playa Jardín en el Puerto de la cruz o donde las aguas fecales cruzan la arena, como Las Américas, reconoce así la gran labor que han llevado a cabo el Gobierno Autónomo, el Cabildo, ayuntamientos y patronato del Parque.

Como consecuencia de este reconocimiento, los vecinos, como siempre, acabaron quejándose de la falta de consideración hacia su lamentable situación (según ellos), en un parque dónde sólo se cuida el monte.

Lo cierto es que todos son culpables de lo que sucede en Anaga, no sólo los responsables políticos y administrativos, sino también los vecinos, que en su actitud egoísta no son conscientes de dónde viven.

Históricamente, Anaga ha sido sistemáticamente destruida por todos sus habitantes, deforestada, asfaltada, llenada de casas grises, turistas, etc. Con la creación del parque rural, el problema se ha agravado, pues sólo han conseguido una protección sobre papel cuya principal función ha sido la de alimentar la cizaña entre vecinos, visitantes y gestores.

Lo primero que hicieron las "autoridades" del Parque Rural fue talar unos tejos en la Cruz del Carmen para construir un centro de visitantes, a pesar de que había espacio de sobra en un enorme aparcamiento anexo. Un ejemplo de comienzo proteccionista con el medio. Luego, para rellenar el cortafuego del Acebe, utilizaron escombros procedentes de cotas inferiores, llenos de semillas de plantas ajenas al ecosistema local que pueden introducirse en el mismo.

Actualmente, permiten la construcción de carreteras, pistas, un muro en el Roque de la Bodega para cargarse la playa, casas grises por todas partes, una estanque en la Hoya de Ijuana, entre dos zonas de reserva integral, la gente pasea por las reservas haciendo lo que quieren, toda la costa de Almáciga a Benijo se llena de acampadas donde los participantes montan la tienda sobre la basura que dejaron los anteriores, hay playas abiertas en vertidos de aguas fecales como pasa en Igueste y Almáciga, Antequera se llena de barcos todos los fines de semana, el macizo está lleno de basura y ratas, las plagas como el rabo de gato se introducen gradualmente...

Los vecinos no son mejores: son los constructores de las casas grises y responsables de que cada día se asfalte y construya más pistas para unirlas, con la excusa de que sirven para fines agrícolas, cuando la mayoría son agricultores de "fin de semana" con ingresos aparte. También realizan talas sistemáticas de monte ante la mirada pasiva de las autoridades, como en la Degollada de Las Hijas, o poseen rebaños de cabras, el animal más peligroso para la flora local, como la granja del Barranco de Las Huertas, que es una de las de mayor número de cabezas de la isla (supera el millar).

Situaciones lamentables son las de las casas del Bailadero, murallas de bloques pintados de verde, con una inmensa superficie pelada al lado para plantar ípapas!. Igual pasa en el Cresal: talan para cultivos un bosque único en el mundo, que sólo por su importancia debería estar completamente protegido, sin excepciones y sin permitir ningún asentamiento humano dentro del mismo.

Pero los vecinos, igual de egoístas que las autoridades, llegan incluso a afirmar que gracias a ellos y sus antepasados, podemos disfrutar hoy del monte de Anaga tal y como es. Tienen razón: gracias a las talas brutales de sus antepasados, a las cabras, y a las "casitas de fin de semana" actuales, podemos disfrutar de un resto mínimo y desfigurado de lo que pudo haber sido Anaga hace medio milenio.

El futuro es bastante incierto: mientras el patronato siga permitiendo a los vecinos que hagan las pistas que deseen para evitar que se molesten y quemen el monte, y mientas los residentes sigan pensando que el progreso es sinónimo de vivir en una ciudad, el Parque Rural de Anaga se convertirá, como el resto de la isla, en una barriada de casas grises con dos zonas verdes valladas, para que no se las coman las cabras y los turistas.

Firmado:Xarejo.

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