ATAN

¿La isla que queremos?

Si hubiese escrito esto ayer habría sido tal vez algo más duro. Salí de mi trabajo, cerca del mercado de Nuestra Señora de África y debido a que caían unas gotas decidí ir a coger la guagua. A pesar de que vivo a más de 2 kms de mi puesto de trabajo, voy y vengo todos los días caminando. Lo hago no solo por hacer ejercicio, sino por evitar el cada vez más insufrible tráfico de Santa Cruz, tanto si usas el coche como si vas en transporte público.

Retomo a lo dicho, me puse a esperar la guagua en la parada de la calle Miraflores, en el cruce con el puente de Serrador. A pesar de que en teoría me valen varias guaguas, por lo que tendrían que pasar cada 2-3 minutos alguna de ellas, tardé más de 10 minutos en ver la primera. Para colmo, la 014, guagua de trayecto intermunicipal, por lo que el coste de usarla, a pesar de hacer un trayecto corto, es mayor (para el que coja la guagua todos los días estos "veintipico" céntimos de diferencia se notan).

A pesar de ser guaguas con una puerta doble, se abre sólo un ala y allí empezamos a entrar uno a uno. Los que no tienen bono, o este se les termina, pues retrasan aun más la tediosa entrada en el vehículo. En este punto se me ocurre acordarme de uno de los beneficios del tranvía (ja, ja!), que no es otro que todas las puertas se abren y la gente entra y sale por donde quiere, y me pregunto qué parte del tranvía o qué misterioso mecanismo que desconozco hace que ese mismo sistema no pueda ser utilizado en las guaguas... será que nos podríamos dar cuenta de que uno de los supuestos beneficios del tranvía no son exclusivos de ese sistema de transporte...?

Bueno, terminamos de subir las 15 o 20 personas que esperábamos y arrancamos por fin. Sin embargo, como era de esperar, el efecto de la guagua retrasada es terrible y es como el de una bola de nieve. Cuando uno llega a la siguiente parada, también, lógicamente la gente lleva esperando igual o más tiempo por la guagua, por lo que la acumulación de gente en la siguiente es aun mayor. De nuevo uno a uno por la puertecita de la guagua.

En este punto suele producirse el momento TITSA del día, en el que uno se acuerda de la madre del coordinador o el encargado de regular las llegadas y salidas de las guaguas, y es ver como otra guagua idéntica va detrás prácticamente vacía, mientras en la de uno se dificulta incluso la tarea de respirar.

Y seguimos, bien empacados, sudados, apretados, habiendo pagado de más y nos metemos en la Rambla de Pulido. Creíamos que lo peor había pasado, pero no. Una calle que tiene menos de 500 metros de largo se tardó en atravesar 15 minutos, cronometrado, o lo que es lo mismo, nos desplazamos a la vertiginosa velocidad de 2 kms/h, marca alcanzada fácilmente por un niño de 2 años o un anciano en su taca-taca.

Obras del tranvía
Obra del tranvía por la Rambla de Pulido

Estos 15 minutos también me dieron tiempo para reflexionar. Vamos a ver, si con dos carriles que la calle tiene ahora se forma este tapón, y sin embargo, una vez terminado el flamante tranvía se va a convertir en una calle con dos vías para trenecito y solo una central para coches, que es lo que va a pasar entonces? Yo es que sigo sin creerme esos estudios que dicen que se aumentará la capacidad de tránsito de la vía suponiendo ilusoriamente que todos los que pasan diariamente o circunstancialmente por la Rambla Pulido van a cambiarse al tranvía. Eso sólo pasaría si la gente que pasa por allí viviera y tuviera su lugar de destino a menos de 200 o 300 metros de ambas paradas y no tuviera que ir a más sitios o que cargar cosas, etc.

De nuevo me da tiempo para pensar... No hubiese sido posible habilitar esos mismos carriles para guaguas poco contaminantes (p.e. a gas) sin necesidad de reventar todas las calles y gastarse millonadas? De nuevo resulta que el supuesto beneficio del tranvía de vías exclusivas también se podría lograr simplemente colocando un bordillo.

Bueno, que se me va el baifo. Pasamos la Rambla de Pulido y entramos en General Mola después de pasar la caótica (y no por los triunfos del Tete) Plaza de la Paz. Normalmente desde ahí hasta mi parada (Avda de Venezuela) todo es coser y cantar. Pero no, las obras también llevan aquí tiempo y han logrado que se tarde más de 5 minutos en un tramo que antes se hacía en 1, con lo que el tiempo total de viaje rondó los 40 minutos, incluyendo la espera. Si voy caminando hago ese recorrido en unos 25 minutos.

Mi conclusión, aunque se puedan sacar muchas, fue la siguiente. Sea por lo que sea ahora disponemos de dinero. Ese dinero se está gastando en obras faraónicas que producen unos daños colaterales terribles que casi todos sufrimos. Son obras en general poco inteligentes, pero con un denominador común: los presupuestos desorbitados y los plazos de ejecución larguísimos que se alargan aún mas en el tiempo. Se alargan tanto que casi "se quedan chicas" desde que se han terminado, lo que genera la necesidad de más obras... Quien se beneficia de esta política?? Los ciudadanos?? Aquellos a los que van dirigidas estas obras para mejorar su calidad de vida?? NO, rotundamente NO. Estar PERMANENTEMENTE SUFRIENDO LAS OBRAS NOS PERJUDICA. Beneficia al grandísimo gremio constructor que existe en las islas, el que genera puestos de trabajo y alguna que otra comisión encubierta o favorcito a empresa familiar del político. Y el problema es que es como una bola de nieve. Si los políticos dirigen el dinero de los presupuestos a este tipo de obras, pues se construye, las empresas del gremio crecen, compran nuevos y más potentes "pica-pica" y pues claro, no se pueden quedar sin picar porque pierden dinero, por lo tanto, hay que seguir picando; salen nuevas obras, más grandes, más pica-picas y de nuevo más presión a los políticos para que se hagan obras cada vez más descomunales y con plazos de ejecución y presupuestos más grandes. Surgen así dudosas necesidades imperiosas como anillos insulares, pistas de aeropuerto, nuevos puertos, nuevos carriles, vías, etc...

Todo esto se hace además sabiendo que van en contra del tan cacareado desarrollo sostenible de la isla, que atentan contra el poquísimo valor natural que queda en nuestras islas y del que tanto hemos siempre presumido (todavía se tratan de buscar los pocos ángulos donde no se aprecie el destrozo urbanístico de la isla en las postales o fotos de promoción de la isla en el extranjero... jaja, de risa, que hipócritas somos).

Lo que en el fondo sucede es que los canarios somos igual que nuestros políticos, poco conscientes del futuro que queremos y poco apreciamos nuestra tierra. Sólo nos importa el tener, y el tener ahora, y punto. Tenemos una mentalidad de nuevos ricos, con pocos valores, como de ignorantes con dinero, de carne cabra y fuegos artificiales y por eso vamos hacia donde vamos, por eso estamos derrochando el dinero que ahora tenemos en destruir la isla y no pensar en absoluto en el futuro, solo en tener para comprar el coche mejor que el del vecino, el pisito y poder ir a echarse un plato de comida los fines de semana. Todo lo demás no nos importa en absoluto. Y a los pocos que nos importa, pues tenemos que callarnos y sentirnos que estamos fuera de lugar, que somos raros, inadaptados, porque aquí sólo interesa hablar de dinero y a los políticos solo les interesa tener gente bruta a la que gobernar. Gente bruta como ellos, gente que no se plantee nada, para los que todo está bien, gente que no se molesta ni en ir a votar, ni en leer, ni en saber qué patrimonio natural y cultural todavía nos queda, para así poder destruirlo sin que nadie se inmute. Con gente así, por supuesto se pueden hacer puertos, aeropuertos, reventar una ciudad para poner un trenecito que no va a servir para nada, y no pasa nada; no pasa nada porque somos gente patéticamente adormecida, capaz de gastarse en "salvar a Idaira" más dinero del que darán en toda su vida por una causa justa y digna, mas dinero del que incluso darían por la buena educación de sus hijos.

Ñoooos!
El ideal del 90% de la juventud tinerfeña

Mi conclusión es que soy negativo sobre el futuro de estas islas que tanto quiero. Negativo porque el mal no son los políticos, como tendemos a creer, sino nosotros, ya que ellos están ahí porque los pusimos nosotros, y los seguimos poniendo, que es lo triste.

La ignorancia es terrible y eso es lo que pasa ahora mismo en Tenerife. Las nuevas generaciones del cigarrito y el "tuning" no nos hacen presagiar nada bueno para el futuro. No cabe duda de que entre tanto nuevo gañán (culpa por otra parte de sus padres y la sociedad que hemos creado, ya que un niño es un ser "en bruto", del que se puede hacer lo mejor y lo peor) habrá gente válida, pero que da la impresión de que se sentirán diferentes, desadaptados, y finalmente quedarán adormecidos por la impotencia de ver como los valores imperantes hacen de todos sus argumentos elementos de burla y de marginación hacia su persona.

El problema de todo esto es que tanto derroche lo acabaremos pagando cuando pase la época de las vacas gordas, por no invertir en educación y futuro sino en cemento y en "pica-picas". No estoy en contra de las infraestructuras. Por supuesto son necesarias y son una base fundamental para el desarrollo de una sociedad, pero no como se está haciendo aquí, con el único criterio de "cuanto más grande y caro mejor".

Es esta la isla que queremos? Es este el futuro que queremos?

Ya ven lo que puede dar de si un atasco de 40 minutos en una guagua atestada en una ciudad reventada por el capricho (y los intereses...?) de unos aprendices de gobernante puestos a gobernar.

Anónimo

6 Noviembre 2005


Santa Cruz

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