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Análisis de una obra hidráulica: la presa de La Viña

El aprovechamiento de las escorrentías en Canarias

Históricamente, cuando un isleño veía correr los barrancos, sentía un autentico desgarro al observar como un bien tan escaso se perdía en el océano. Para él no era un torrente de aguas achocolatadas, era un tesoro que iba a parar al mar. Como Tántalo, tenía al alcance de sus manos el agua que saciaría la sed de sus cultivos pero sus dedos eran incapaces de trocar el destino de los eventuales ríos y, con tristeza, miraba como morían en la mar. Hasta el siglo XX no fue posible plantearse captar las esporádicas escorrentías producidas por las torrenciales e irregulares lluvias que caracterizan el clima de las islas, la tecnología y los recursos disponibles eran incapaces de retener y almacenar el agua de los impetuosos barrancos. La llegada del cemento, el hierro, los explosivos y la maquinaria hizo pensar a los canarios que pronto podrían dominar y utilizar en sus campos tan deseado recurso. El suplicio de Tántalo parecía que e tambaleaba, pero pronto se hizo evidente que resolver el problema no era nada fácil, no era suficiente tener la capacidad técnica de construir un muro capaz de retener y almacenar los caudales ocasionales de los barrancos, había que resolver otros problemas.

Caldera de Taburiente
La Caldera de Taburiente

La construcción de presas está limitada por factores naturales, medio ambientales y económicos. En primer lugar la presa tiene que estar situada en cuencas que tengan condiciones geológicas y climáticas adecuadas, pero en muchos casos los terrenos son permeables y no sirven para almacenar el agua de las escorrentías. A esto hay que añadir que la gran torrencialidad de las precipitaciones y las fuertes pendientes dan lugar al rápido relleno del vaso de la presa por el enorme volumen de sedimentos que arrastran esta agua. También hay emplazamientos geológicamente idóneos pero localizados en las áreas con escasa lluvias. Desde el punto de vista ambiental, las presas no son inocuas, alteran la dinámica erosiva, anegan ecosistemas y modifican las condiciones ambientales locales. Cuando los gestores públicos no han tenido en cuenta estos claros condicionantes han despilfarrado el dinero público en obras hidráulicas inútiles, en presas aterradas y/o con vasos permeables.

Recursos hídricos de La Palma

La isla de San Miguel de La Palma presenta una superficie de 780 km2 y una altura máxima de 2.426 m, tiene forma de lágrima invertida y presenta en su centro una depresión de 7 km de diámetro y 2.000 metros de profundidad que forma el Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Esta enorme caldera tiene un origen erosivo y tiene su continuación en el Barranco de Las Angustias por donde se ha desaguado todo el material que falta en La Caldera.

La isla tiene catorce municipios que albergan una población estabilizada, desde hace unos veinte años, de 80.000 habitantes con dos grandes villas: Santa Cruz de La Palma, la capital de la isla, y Los Llanos de Aridane, la ciudad agrícola y empresarial, ambas con unos veinte mil habitantes y ubicadas en cada una de las dos vertientes. Hasta hace unos pocos años el 80 % del PIB de la isla era la agricultura del plátano que se extiende a lo largo de 4.000 ha. de regadío distribuidas en partes iguales en las dos vertientes de la isla. Las dos mil ha. del lado oeste se encuentran centralizadas en el Valle de Aridane. En cambio, las otras dos mil, las del lado oriental, se distribuyen a lo largo de toda la vertiente abarcando a la totalidad de los ocho municipios. Otros cultivos de menor extensión e importancia son los aguacates y las viñas. Desde hace poco más de una década han comenzado a construirse grandes hoteles pero incluyendo el turismo rural no deben de pasar de unas 8.000 plazas.

Balances hídricos

Hasta la mitad del siglo XIX la isla producía de forma natural unos 20 hm3/año de agua, estos caudales procedían de los manantiales de la Caldera que corrían por el Barranco de Las Angustias hasta el mar y de los Nacientes de Marcos y Cordero que se drenaban por el Barranco del Agua. A partir de esta segunda mitad del siglo XIX y sobre todo en la primera mitad del siglo XX, los palmeros, después de algunos intentos por captar el agua superficial, comenzaron a perforar el subsuelo, primero en forma de galerías, pequeños túneles de pendiente ligeramente ascendente de varios km de longitud, y mucho más tarde en forma de pozos de tres metros de diámetro y de centenares de metros de profundidad. Posteriormente desarrollaron una forma híbrida, el pozo con galería de fondo.

En total se han perforado en esta isla 167 galerías que aportan unos 300 km. perforados en el subsuelo de las que 100 son productivas y dan unos 40 hm3/año de agua de excelente calidad. De los 69 pozos que se perforaron en la isla están actualmente en producción apenas 20 que aportan 20 hm3/año de aguas de mala calidad y que progresivamente se saliniza. Además de esta infraestructura hidráulica de captación de agua hecha exclusivamente por los palmeros y con dinero privado, existen alrededor de unos cien manantiales con caudales apreciables, la mayoría en el interior de La Caldera de Taburiente, que aportan 10 hm3/año de agua de excelente calidad. Por último cabe citar al Tomadero de Dos Aguas, una obra de captación de agua superficial que está en el Barranco de Las Angustias que constituye una gran obra hidráulica aunque solo capte algo menos de 5 hm3/año.

Las obras hidráulicas palmeras son las más efectivas del Archipiélago, el pozo, la galería y el tomadero que más caudal dan de todo Canarias son El Salto con 200 l/s, el Túnel de Trasvase con 300 l/s y el Tomadero de Dos Aguas respectivamente, los tres en La Palma. Gracias a estas infraestructuras los palmeros consiguieron aumentar la producción de agua de la isla de 20 a 75 hm3/año. De todo este caudal solo 5 hm3/año (menos del 7 % ) proceden de aguas superficiales, el resto es todo captación de aguas subterráneas.

La demanda de agua de la isla coincide prácticamente con la oferta debido al proceso de regulación que generan los pozos con sus bombeos. Esta demanda es de 70 hm3/año de los que 60 son de consumo agrícola y el resto para el abasto urbano y turístico, el consumo industrial es muy bajo y esta inmerso en el consumo urbano. Las pérdidas son muy pequeñas, alrededor de 5 hm3/año y centradas casi todas en las redes de transporte público; recientemente el MMA ha concluido la impermeabilización del canal Barlovento-Fuencaliente con lo que se han reducido considerablemente estas mermas.

Balances hídricos

Como la mayor parte del consumo es agrícola y éste está supeditado al clima, se genera una clara distinción entre los consumos estivales e invernales que repercute en escasez de dotaciones en verano y sobrantes en invierno. En verano y con tiempo del Sahara hay que regar más frecuentemente mientras que en invierno, cuando llueve, el agua sobra y se tiene que tirar por los barrancos al mar. Estas diferencias se intentan compensar con obras de almacenamiento, consiguiéndose totalmente en municipios como San Andrés y Sauces y Barlovento, con las balsas de Bediesta, Adeyahamen y La Laguna y solo parcialmente en los demás municipios. En aquellas zonas donde la producción de aguas depende de los pozos, estas diferencias estacionales se compensan mejor debido a la regulación que generan los bombeos. Únicamente cabe comentar que como se bombea mucho más en verano se producen procesos de empeoramiento de calidad por intrusión marina, esta es la causa del abandono de más de la mitad de los pozos perforados en la isla y la verdadera razón por la que se necesita aumentar la producción de agua: mayor disponibilidad en verano y sustitución de las aguas de los pozos de mala calidad por agua de menor grado de mineralización.

Breve historia de los intentos para captar el agua del barranco de Las Angustias

La historia de la captación de aguas que ocasionalmente corren por el Barranco de Las Angustias se remonta a la época de la conquista de la isla por los españoles. Desde entonces y prácticamente hasta hace un siglo, el cauce del barranco presentaba un curso continuo de agua durante todo el año que se captaba mediante los tomaderos de Los Heredamientos de Las Haciendas de Argual y Tazacorte. De estos tomaderos, a lo largo de los últimos quinientos años, hubo muchos pero cuatro han sobrevivido hasta nuestros días: Dos Aguas, La Estrechura, La Viña y Las Casitas. Actualmente solo el último sigue cumpliendo su misión a pleno rendimiento.

La Caldera de Taburiente es una enorme depresión de 7 km de diámetro y 2.000 metros de profundidad que además de bella y espectacular es el resultado de la erosión del agua. Todo el material que falta en ese enorme hueco ha salido por el barranco de Las Angustias camino del mar. En ocasiones, frecuentes a escala geológica y usuales ha nivel generacional, se produce la caída de grandes paños que descarnan a buena parte de las laderas del barranco y que acumulándose sobre el cauce represan el agua hasta que ésta consigue altura suficiente para desbordar la presa. En esos momentos y con el derrumbe de la presa se produce una avalancha de agua, piedras, arena y lodo que arrasa todo cuanto se pone a su alcance. De esas avalanchas las laderas del Barranco de Las Angustias están llenas de muestras en la forma de terrazas colgadas a decenas de metros del cauce demostrando hasta que alturas llegó la devastación.

La mitad inferior del Barranco de Las Angustias esta excavado en materiales muy permeables, generando con ello que los caudales que circulan por el cauce se vayan infiltrando y recarguen el acuífero costero que desde muy antiguo fue explotado por los pozos situados en el propio barranco: Juan Graje, Candelaria, Morriña, La Prosperidad, Zona Alta, Duque, El Remolino, El Rayo y La Fuerza de Las Angustias; o incluso también por los pozos que se excavaron en el Barranco de Tenisca: Grupo Sindical Colonización, Heredamiento de San Miguel, La Fuerza de Tenisca y El Salto. Todos estos pozos extraen treinta millones de pipas al año (15 hm3/año).

La mitad superior del Barranco de Las Angustias, desde La Viña hasta Dos Aguas, tiene su cauce excavado en materiales verdes, Complejo Basal que dicen los geólogos, que se caracteriza por su escasa o prácticamente nula permeabilidad. Este mismo material aflora en todos los cauces de los barrancos de La Caldera de Taburiente.

Playas de Taburiente
Las Playas de Taburiente, en el centro de la caldera.

Esta disposición de materiales impermeables en cabecera y en la mitad superior del barranco y luego materiales muy permeables en la mitad inferior, provoca el que la escorrentía y con ella los procesos erosivos sean los protagonistas desde La Caldera hasta la mitad del barranco y que la infiltración y con ella la merma de caudales circulantes y por tanto los procesos sedimentarios, sean los protagonistas de la mitad inferior del barranco.

El agua que circula por los barrancos de La Caldera, hasta llegar al Tomadero de Dos Aguas, es la mezcla del agua de lluvia que cae en la propia Caldera, más el agua de los nacientes del Parque y más el agua que extraen las ocho galería perforadas en el interior de La Caldera. En años de lluvias escasas o quizás debamos decir ya normales, el agua que capta el tomadero de Dos Aguas es de otras treinta millones de pipas (15 hm3/año) de las que 10 son de escorrentía de aguas de lluvia y los veinte millones restantes es agua de los nacientes y de las galerías. Por esta razón la mayoría de los años ya no corre el agua por el Barranco de Las Angustias, las aguas que antaño aportaban las lluvias y los nacientes salen del barranco captadas por el tomadero y desviadas al canal de Dos Aguas que las lleva al Valle de Aridane. Solo los años de lluvias abundantes o de lluvias intensas, cuando el caudal que circula por Dos Aguas excede la capacidad de aducción del Tomadero, es cuando el agua pasa la barrera que supone esta excepcional obra de captación y corre por el barranco arrastrando materiales en suspensión. Esos caudales corren por el barranco, pasan la zona de La Viña sin merma ninguna, a partir de allí recargan el acuífero costero y si tienen suficiente entidad llegan hasta la desembocadura y se pierden en el mar junto con los materiales que ha erosionado por el camino.

Es en este marco geográfico donde se ha pretendido hacer desde hace ya cuarenta años una presa o cualquier otro sistema de aducción que consiga quitarle agua al barranco. Todos los intentos se han ubicado siempre de La Viña, cota 200 m, hacia arriba; puesto que allí se dan la mano dos aspectos esenciales para una presa, es el límite inferior de los terrenos impermeables y es el último punto desde donde se puede enlazar con el canal de Dos Aguas, capaz de sacar los caudales del abrupto barranco hacia el Valle de Aridane que es la zona de cultivo del mejor plátano de Canarias.

El primer proyecto para construir una presa en el Barranco de Las Angustias fue bien entrada la década de los años sesenta y fue su autor Don Juan Amigó. La presa se situaba justo aguas debajo de Dos Aguas y se llegaron a hacer sondeos para estudiar la capacidad resistente de la roca, viabilidad que se obtuvo positiva. Aún así y ante la posibilidad de que se produjera un proceso de aterramiento que colmatara el embalse en poco tiempo, se dispuso hacer una prueba a pequeña escala y así se construyó una presa pequeña, de apenas cuatro o cinco metros de altura en el Barranco de Taburiente que se colmató al primer año. Este ensayo hizo que se desestimara la construcción de la presa y demostró, incluso para aquellos que luego no lo quisieron ver, cuál puede ser el futuro de una presa convencional en ese barranco.

El segundo proyecto fue en 1974 dirigido por Don Fernando Prada y realizado por la Consultora Iberinsa. El emplazamiento era similar y ante el problema del aterramiento se propuso hacer, una vez colmatado el embalse, una serie de pozos que extrajeran el agua del acarreo. Ante la duda de si estos serían capaces de aportar un volumen significativo, se procedió a hacer la prueba en la misma presa pequeña que había servido de ensayo para el anterior proyecto. En vez de hacer un pozo, se rompió la galería de fondo y se excavó una galería en el relleno del embalse con el ánimo de averiguar cuanta agua, aún estando aterrado, podía proporcionar el embalse. El resultado, una vez perforada la galería, fue descorazonador; el material de relleno, los acarreos, estaban mezclados con arena y arcilla y aunque estaban mojados no aportaban un caudal apreciable.

El tercer intento llegó en 1984 y fue elaborado por Pypsa bajo la dirección de Don Santiago Brouard. Este proyecto no consistía en una sola solución sino en una serie de actuaciones diferentes de las que cabe mencionar una realmente curiosa. Consistía en un embalse en la zona de la Viña y un túnel de cinco km que iba desde el embalse hasta el mar. La solución que se proponía consistía en dejar que el embalse se colmatara, incluso dados los volúmenes que se manejaban, lo haría en el primer año. Una vez extraída el agua se proponía como método para eliminar el acarreo impulsar agua del mar y con ella limpiar el embalse haciendo que esta agua saladas y los acarreos se fueran por el túnel hacia el mar y así quedaba de nuevo lista para aterrarse al año siguiente o más bien el siguiente año que corriese el barranco, que no es lo mismo.

Un año después Los Heredamientos de Argual y Tazacorte presentaron un anteproyecto diseñado por Don José Jiménez Suárez en el que se definía un gran depósito descubierto de un millón de pipas (0’5 hm3), adosado a la margen izquierda del Barranco de Las Angustias en la zona de La Viña que era el único ensanche que tiene el barranco en toda su longitud y que se separaba del cauce mediante una pared de hormigón armado. Dejar libre el cauce permitía que circulara el agua canalizada por la margen derecha. El método por el que se valía para extraer agua del cauce era a través de un tomadero similar al que desde hacía décadas estaba funcionando en Dos Aguas.

En 1986 y dirigido por Don Carlos Soler Liceras se diseñó un azud de recarga emplazado en la cota 125 y con una idea doble: servir de aforador de los caudales que realmente corrían por el barranco y servir de recarga de la infiltración y así aumentar los recursos subterráneos del acuífero costero.

En 1989 los Heredamientos de Las Haciendas de Argual y Tazacorte encargan a Don Javier Fernández Soldevilla el proyecto de una presa en la zona de La Viña que termina definiéndose de materiales sueltos y ubicada en la cota 200, generando un embalse de 4 millones de pipas. A efectos de evitar el aterramiento se proyecta un tomadero y un canal de desvío del barranco que mediante un túnel de 800 m se situaba dentro de la ladera derecha del embalse.

En 1992, con el mismo equipo de técnicos del intento anterior, incorporando equipos de sondeos y a Don José Manuel Navarro Latorre como geólogo, bajo la dirección de Don Carlos Soler Liceras y para el Gobierno de Canarias, se estudia la solución anterior modificando sustancialmente la presa proyectada aunque dejando el mismo volumen de embalse. Estos técnicos descubren que el ensanche del cauce a la altura de La Viña no es casual, está provocado por un deslizamiento de la margen izquierda, lo que pone en entredicho su estabilidad e impermeabilidad. Se define una estructura que evite ambas cosas y se sustituye la presa de materiales sueltos por una presa de gravedad de hormigón capaz de asumir los efectos de una avenida que la rebose. El encauzamiento del barranco se hace mediante una tubería de gran diámetro que atraviese todo el embalse y el muro de presa. La desviación de los caudales hacia el embalse se hace mediante un tomadero y un desarenador. El estudio hidrológico define un aporte medio de 20 millones de pipas al año (10 hm3/año), aunque no asegura que esos caudales circulen todos los años, de los que 4 millones de pipas son de piedra y arena. Al final obtiene que el coste de la obra sería de unos 20 millones de euros, que no se aseguraba su llenado todos los años y que se produciría un gran impacto medio ambiental. Por estas razones el propio director del Proyecto y en la memoria concluye desaconsejando su construcción.

Desde 1.996 y bajo la dirección de Don Pedro Calderón se estudian varias alternativas, entre ellas cabe citar el retorno a la presa convencional en Dos Aguas con la variante de un túnel de cinco km para llegar al lugar de la obra y para sacar el agua captada, de los que tres habría que perforarlos en el material verde (complejo basal). O la de un embalse pequeño en el barranco, alrededor de un millón de pipas y desde allí bombear a otro más grande, tres millones de pipas, denominado El Vicario y situado fuera del barranco a la cota 500 en Tijarafe.

Al final y en abril de 2.000 se presenta una solución formada por un tomadero, un desarenador, un canal de desvío y dos balsas, una en La Viña de 1’2 millones de pipas (0,6 hm3) (29 millones de euros) y otra aguas abajo de ella llamada El Salto de seiscientas mil pipas (0’3 Hm3), y otra más, El Vicario (10’7 millones de euros). Esta última balsa no aprovecha los caudales del barranco directamente sino a través del Valle de Aridane y con un caudal máximo de derivación de 600 pp/h. En diciembre de 2.003 se ponen al día los presupuestos de estas últimas obras quedando en que el coste de un tomadero, un canal desarenador y la balsa de La Viña es de 29 millones de euros, y para la balsa de El Vicario 10’7 millones de euros.

Los inconvenientes de una presa en La Viña

En resumen, la captación de aguas superficiales en el Barranco de Las Angustias plantea complicados problemas que quedan perfectamente reflejados en la historia de los proyectos. El agua corre por el barranco unos pocos días al años, y no todos los años- sus características torrenciales se incrementan por las fuertes pendientes a esto se añade que el 20% de la escorrentía corresponde a materiales sólidos que aterrarían el embalse en muy poco tiempo. Además, de vez en cuando -muy a menudo si consideramos la escala geológica y una o dos veces a escala de una generación- se producen caídas de paños completos, tanto en La Caldera como en el Barranco y estas forman presas en el cauce provocando hasta que consigue rebosar y entonces se forma una avalancha de agua, piedra y lodos que arrasa todo a su paso. Ejemplos geológicos se pueden observar en el cauce del barranco en forma de terrazas colgadas a decenas de metros del cauce, que indican la altura que alcanzó la avalancha. Más recientemente, en los años cincuenta se produjo una caída que provocó que la zona de Dos Aguas se formara un lago denominado como la playa de Los Llanos por sus habitantes. En las décadas de los ochenta y noventa se han producido caídas de paños completos, del primero fue testigo Telesforo Bravo y del segundo sufrió las consecuencias el tomadero de Dos Aguas que recibió la avalancha quedando gravemente deteriorado.

No existen emplazamientos adecuados para presas en Las Angustias. La mitad superior, es impermeable, pero en esta zona se localizan las laderas más abruptas, es de difícil acceso y está dentro de el área protegida por el Parque Nacional. Fuera solo queda la zona de La Viña, pero presenta enormes dificultades técnicas que implican una inversión desmesurada. La margen izquierda está en un material que ha sufrido un deslizamiento de ladera, hecho que origina además de la inestabilidad propia de una ladera rota y movida, una permeabilidad alta a lo largo de todo su afloramiento.

A las dificultades geotécnicas se suma el hecho de estar situada la presa a la cota de 200 que obliga a elevar el agua por laderas muy abruptas para llegar a la zona de riego. Ésta se extiende desde el mar hasta la cota 400 y no se dispone de suficiente capacidad de almacenamiento, a no ser que se bombee a la futura balsa del Vicario, a la cota 500. El inconveniente de los bombeos, puesto que la avenida dura pocos días es que hay que instalar bombas capaces de elevar caudales muy elevados en poco tiempo. A esto hay que añadir el gasto en energía y los altísimos costos de mantenimiento de una maquinaria tan poco utilizada.

Si las condiciones naturales hacen muy complicada la captación de las aguas de escorrentía del barranco, no son menores las que se presentan una vez concluida la obra.

El embalse puede parar una avenida de agua y piedras si está vacío y es pequeña, pero también puede provocar el efecto contrario y aumentar el caudal devastador con el derrumbe del dique y la incorporación del agua embalsada. Este hecho podría ser preocupante si pensamos que en la desembocadura de éste barranco viven dos mil personas. Algunos de estos inconvenientes se pueden resolver o minimizar a costa de elevar el presupuesto de la obra hidráulica, al final se llega a cantidades que la hacen en inviable económica y socialmente.

Las alternativas

El nuevo proyecto para captar los caudales del barranco de Las Angustias, intereses económicos particulares al margen, trata de acabar con la frustración que produce a los palmeros ver como se “pierden” en el mar las aguas de las esporádicas crecidas. ¿Pero resulta rentable social y económicamente esta gran obre hidráulica? ¿Es la mejor opción o hay otras alternativas más eficaces, más baratas y con mucho menor impacto ambiental? Creemos que sí. Los datos del propio Plan Hidrológico de La Palma lo demuestran. Basta mirar el balance hidrológico para darse cuenta que la escorrentía no puede aportar un volumen importante de las disponibilidades hídricas de La Palma aún cuando se captaran en su totalidad. Si la comparación se hace con las aguas subterráneas, el recurso a las aguas superficiales carece de lógica. Se evalúan los recurso subterráneos en 265 hm3/ año de los cuales, las galería, pozos y nacientes actuales solo aprovechan 65 con lo que todavía quedan 161 hm3/ año para aumentar la aportación de las aguas subterráneas. En el propio Plan se reconoce las enormes dificultades que ofrecen las cuencas hidrográficas palmeras debido a las fuertes pendientes, la estrechez de los cauces, la permeabilidad de los terrenos y la fuerte capacidad erosiva de las eventuales torrenteras. Esta agua únicamente se pueden aprovechar mediante la construcción de tomaderos que deriven parte del caudal hacia un embalse situado fuera del cauce.

Balance hidrológico insular

Con el presupuesto de la de la Balsa de La Viña, de 29 millones de euros, se podrían perforar diez veces todos los pozos del Barranco de Las Angustias y Tenisca que aportan veinticinco veces más agua que la que dicen que aportará La Viña. Y si tenemos en cuenta la calidad y el coste de los bombeos, podemos entonces compararlo con las galerías: con ese presupuesto de la Balsa de La Viña se podrían hacer dos veces el Túnel de Trasvase que aporta 15 veces el agua que aportaría La Viña. Sobraría dinero para ejecutar el proyecto de una galería en el norte de la Isla capaz de aportar un caudal de aguas de primera calidad y con un volumen superior al que se podría obtener de la presa de La Viña. Entre los autores se encuentra los geólogos recientemente desaparecidos Telesforo Bravo y Juan Coello.

Los proyectos de obras hidráulicas en Las Angustias, casi en su totalidad, han concluido en lo mismo: el coste es desorbitado para la poca agua que captan, no se asegura su llenado todos los años y según sea la solución, la obra puede ser: irrealizable, peligrosa para los bienes humanos y materiales de la desembocadura o de un impacto ambiental difícilmente asumible. Aún así periódicamente resurge la idea de aprovechar esta escorrentía, amparados por periodistas sensacionalistas o personas que desconocen como funciona este barranco y empujan con ello a nuevos estudios que no hacen más que engordar las arcas de las consultoras. Mientras tanto a los palmeros nadie les dice que por cada pipa de agua que ven salir por el Barranco de Las Angustias hacia el mar, hay otras veinte que se pierden en ese mismo mar pero que no se ven porque se descargan por el acuífero hacia la costa.

10 Octubre 2005


La Palma


Roque Idafe, en La Caldera de Taburiente

Agua

más información sobre el derroche del agua en el Archipiélago Canario.

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